EL ESPIRITU SUARISTA

En la historia política de Europa existen multitud de ejemplos de dirigentes que han dejado profunda huella no solo en las sociedades que durante un tiempo lideraron sino que su herencia ha trascendido más allá del ámbito propio de sus actuaciones; se trata de políticos que han dejado grato y admirable recuerdo a las generaciones posteriores. En la escena europea del siglo XX, por no remontarnos a épocas anteriores, habría que citar, aparte de figuras estelares surgidas como consecuencia del estallido y desarrollo de la segunda guerra mundial de 1939 a 1945, como, por ejemplo, lo fueron Winston Churchill o Charles De Gaulle, a los demócratas que posteriormente a ese gran conflicto crearon la Europa actual, como Robert Schuman, Alcide de Gasperi, Konrad Adenauer o Paul-Henry Spaak, verdaderos hombres de Estado y fecundos políticos comprometidos con su tiempo y con su espacio.

España pertenece de pleno derecho a esa organización supranacional europea desde su entrada en ella, acontecimiento ejecutado por un gobierno de Felipe González tres años después de su llegada al poder en 1982. Debe decirse que ello fue posible, entre otras cosas, porque nuestro país se había dotado, ya por entonces, de un sistema democrático homologable al de las democracias europeas más avanzadas, gracias al esfuerzo, inteligencia y valentía políticas de un dirigente excepcional como lo fue Adolfo Suárez González, junto a un ramillete de políticos de ideologías dispares pero también de parecidas virtudes a las suyas y, desde luego, con el respaldo de la opinión pública española y de la internacional. Su papel como líder de la Transición española a la democracia, a la construcción de un Estado Social y Democrático de Derecho, fue reconocido por la mayoría de naciones del mundo y la propia Transición sería estudiada como modélica (“de la ley a la ley”) en muchas universidades extranjeras así como aplicada también en variados casos similares de cambio pacífico de régimen dictatorial a sistema de democracia plena.

Muchos son los capítulos de ese legado suarista, muchos los distintos aspectos del proyecto político que viabilizó Suárez. Pero hay uno que debe destacarse hoy especialmente por su característica de modelo aplicable a la actual situación política de España: los llamados Acuerdos de La Moncloa de 1977.

En aquel entonces, el Gobierno de UCD presidido por Adolfo Suárez, al igual que a partir del próximo 10-N, según todas las encuestas un hipotético Gobierno Sánchez, no tenía mayoría absoluta para gobernar con desahogo suficiente y se veía obligado a pactar constante y puntualmente todos los asuntos imprescindibles para llevar a puerto seguro la política nacional. A grandes males, grandes remedios. Pactó, desde su posición de centro, a diestra y siniestra de fuerzas parlamentarias (PSOE, PCE, PSP, PNV, Convergencia catalana) y con los sindicatos democráticos (CCOO y UGT) logrando unos acuerdos modélicos con sus adversarios en todos los planos: jurídicos, económicos, sociales y políticos. El resultado sería espectacular. La inflación bajó del 26% al 12% en un año y en los siguientes períodos la reducción alcanzaría niveles sostenibles del 5-6% que en aquellos años se estimaban aceptables; se acordaron convenios colectivos en las empresas, se negociaron a partir de entonces salarios mínimos más justos, se legislaron muchos de los derechos de los trabajadores que se disfrutan hoy día y se establecieron los canales de actuación sindical más libres de toda la historia; se estructuraron los esquemas de relación de los tres poderes del Estado que se recogerían al año siguiente en la Constitución, se pusieron las vías para la Amnistía que fue promulgada poco después; se comenzó a negociar con las Cancillerías europeas la entrada de nuestro país en la C.E.E., etc.

La situación española de hoy, indudablemente distinta a la de por entonces en la que la clase política tuvo la tarea de fundar un Estado democrático moderno, pero con dosis altas de dramatismo como entonces, demanda imperiosamente unos políticos con una voluntad de actuar conjuntamente, con capacidad para dialogar, de negociar, de llegar a acuerdos trascendentes para el devenir de nuestra sociedad. La memoria de la obra de Suárez marca el camino: afrontar la tormenta perfecta que se cierne sobre España, una grave crisis de Estado junto a una nueva crisis económica y social, con un acuerdo amplio en el que participen a ser posible todos los actores políticos, económicos y sociales es necesario. Y lo necesario, como dejó dicho el propio Suárez, es posible.

UN POSIBLE GOBIERNO DE CONCENTRACIÓN PARA ESPAÑA

Si el próximo 10 de Noviembre se confirmasen las tendencias de voto que arrojan las múltiples encuestas publicadas durante estas últimas semanas por abundantes medios de comunicación —haciendo abstracción de la del CIS aparecida en el día de hoy, 29 de octubre, al no recogerse en ella aspectos tan esenciales para la opinión pública como son la sentencia del Tribunal Supremo sobre el “Procès”, la exhumación del General Franco y los violentos sucesos desencadenados en Cataluña—, España se vería en una situación todavía más complicada que la actual.

¿Cuáles son las razones de esa afirmación? Veamos. Esas encuestas, en mayor o menor medida, indican lo siguiente dentro del espectro político no independentista:
a) Estancamiento de la intención de voto al PSOE respecto a los resultados de las generales del 28-A (123 diputados)
b) Subida del PP hasta rondar la centena de escaños
c) Ligera bajada del respaldo a Unidas Podemos (del orden de 4-5 diputados)
d) Caída en picado de Ciudadanos desde los 57 escaños que consiguió en esta legislatura hasta un entorno de 25, y con tendencia a la baja.
e) Mantenimiento de su actual nivel o discreta subida de VOX (24 diputados en las últimas generales)
f) Irrupción de Más País con una estimación de 4-5 diputados.

Según estas previsiones y excluyendo de ellas a PNV, Bildu, ERC y JxCat y otras formaciones menores (unos 35 escaños entre todos ellos), se deduce de esos números al menos dos tipos de cosas: uno, que la investidura de Casado, por ejemplo, sería una quimera y que la conformación de un gobierno del bloque de la derecha resultaría una fantasía; dos, que la investidura presidencial de Sánchez sería factible (PSOE+UP+MP=unos 167 diputados más la abstención de ERC, o de C`s o de ambos), pero también se deduce que la formación de un gobierno de signo izquierdista sería muy problemática. ¿Un gobierno en minoría del bloque de izquierdas PSOE+UP+MP con apoyos puntuales de otras fuerzas? Cabría, desde luego, pero sería un gobierno en precario, más si cabe cuando la situación política como la que viene se aventura especialmente dura y difícil, incluso grave, donde la aprobación de los presupuestos sería empresa harto problemática, en la que una dependencia respecto de otras fuerzas no crearía la estabilidad necesaria para nuestra economía, y en la que seguramente habría dificultades insalvables dentro del bloque gubernamental así conformado para concretar políticas a fin de afrontar con garantías el espinoso tema de Cataluña.

Por otra parte, en estas últimas semanas se habla mucho de una posible coalición PP-PSOE, la única que daría una mayoría absoluta con solo dos partidos. Es un supuesto indeseable, de un riesgo extremo pues ambos partidos representan posiciones antagónicas por lo que conviene, para la buena salud del sistema, que cada uno cumpla su papel dentro del mismo. No se entendería por parte de los votantes de ambas fuerzas ni tampoco por el resto del cuerpo electoral que dejasen de ser alternativa el uno del otro. Seguramente es una hipótesis no contemplada por las direcciones de ambos partidos y ello a pesar de ser la presente una situación de gran y especial dificultad.

Pero cuestión distinta es la perspectiva de una coalición plural de partidos de los dos bloques derecha-izquierda, es decir, un Gobierno de Concentración, un supuesto viable dadas las circunstancias expuestas anteriormente. Un gobierno participado directamente por los partidos políticos con representación parlamentaria que se sumasen al evento, pertenecientes a un lado y a otro del espectro ideológico y con la excepción de los partidos independentistas. Sería cuestión a acordar el número de carteras ministeriales y su titularidad, ocupadas en principio atendiendo a la representación alcanzada por cada partido, su composición por políticos o por técnicos expertos en las diferentes materias, con una duración mínima de dos años y con un programa de actuaciones previamente establecido.

Nihil novum sub sole. Nada nuevo bajo el sol. Es un tipo de gobierno puesto en marcha en variados sistemas políticos democráticos mundiales, cuando circunstancias políticas, sociales y económicas les obligaron a ello, siempre en situaciones de gobernabilidad precaria para resolver problemas de esa índole. En España tenemos un antecedente aunque no igual sí de cierta similitud: los llamados Pactos de La Moncloa de 1977, que desarrollaron diferentes aspectos jurídicos, económicos, sociales y políticos, con resultados excelentes que pusieron a España en el camino de la modernidad, de la paz social y la prosperidad general, y en la que participaron partidos de todo el arco parlamentario (incluídos los nacionalistas PNV y Convergencia de Cataluña), así como Sindicatos (CCOO y UGT) bajo la coordinación de Adolfo Suárez y su gobierno de UCD. De esos acuerdos saldrían después la Ley de Amnistía y la mismísima Constitución poniéndose las bases para la entrada de España en Europa, evento materializado años más tarde bajo la presidencia de Felipe González.

España no puede permitirse ante el panorama antedicho, y bajo ningún concepto, unas terceras elecciones generales en tan poco espacio de tiempo, unos comicios a los que estaríamos abocados si se cumpliesen las previsiones del 10-N y teniendo en cuenta la incapacidad demostrada por los principales grupos parlamentarios en el episodio de la investidura fallida de la legislatura que finaliza en estos días. El deterioro político y social, que ahora es evidente y que se incrementará, sumado al económico, que ya ha empezado también a enseñar sus garras, es el escenario peligroso de los próximos meses. NUEVO CENTRO aporta esta propuesta de un Gobierno de Concentración por creerlo absolutamente necesario caso de producirse la hipótesis apuntada.